Etiopía mina el bitcoin que prohíbe a sus ciudadanos: el banco central amplía el veto a toda cripto mientras su presa vende energía a los mineros
Etiopía es uno de los mayores centros de minería de bitcoin del planeta. Sus centrales hidroeléctricas venden electricidad barata a operadores extranjeros que aseguran una parte nada…

Etiopía es uno de los mayores centros de minería de bitcoin del planeta. Sus centrales hidroeléctricas venden electricidad barata a operadores extranjeros que aseguran una parte nada despreciable de la red de Bitcoin, y el Estado se embolsa divisas fuertes por ello. El 23 de julio, el Banco Nacional de Etiopía (NBE) recordó a sus ciudadanos que, para ellos, tocar una sola cripto sigue siendo ilegal.
En un aviso público, el banco central aclaró que su prohibición sobre los activos virtuales no se limita a las criptomonedas y cubre prácticamente todo el ciclo de vida de estos activos: uso, compra, venta, intercambio, transferencia, negociación, liquidación y facilitación de operaciones. La paradoja queda servida: el país mina la moneda que no deja poseer a los suyos, con energía de una presa levantada en el Nilo mientras cerca de la mitad de la población vive sin electricidad fiable.
Qué dice exactamente el aviso del 23 de julio
El texto no crea una ley nueva ni anuncia sanciones nuevas. Es una aclaración, y ahí está su interés. El NBE quiso dejar claro que su veto abarca los activos virtuales en sentido amplio, definidos como representaciones digitales de valor que pueden negociarse, transferirse o intercambiarse por vía electrónica o usarse para pagos e inversión. Es decir, no solo bitcoin o ether: cualquier token entra en el saco.
Según recogieron The Reporter Ethiopia y la agencia estatal Fana (FMC), las actividades prohibidas salvo autorización expresa incluyen cambiar activos virtuales por moneda fiat o por otros activos virtuales, transferirlos, custodiarlos o administrarlos, gestionar los instrumentos que dan control sobre ellos y prestar servicios financieros ligados a su emisión o venta. El banco enumeró además los riesgos que, a su juicio, justifican el cierre: consecuencias legales, fraudes y estafas, ciberataques, fallos operativos, manipulación de mercado y pérdidas cuantiosas.
La única moneda de curso legal en Etiopía sigue siendo el birr. Todo lo demás queda fuera del sistema financiero autorizado a menos que el propio banco central lo apruebe caso por caso.
El país que mina lo que prohíbe
La contradicción no es un descuido: es política industrial. Etiopía legalizó la minería en 2022 y, a la vez, mantuvo el veto al comercio minorista de cripto. La historia arranca en el agua. La Gran Presa del Renacimiento Etíope (GERD), inaugurada oficialmente el 9 de septiembre de 2025, es uno de los mayores proyectos hidroeléctricos de África y genera un excedente de energía que el Gobierno buscaba monetizar.
Lo consiguió abriendo la puerta a los mineros que China había expulsado en 2021. Según Crypto Briefing, unas 27 empresas operan ya en el sector con hasta 600 MW asignados. BIT Mining firmó en diciembre de 2024 un acuerdo de 14 millones de dólares por 51 MW y cerca de 18.000 equipos; Bitdeer explota una instalación de 40 MW; una firma rusa se instaló a las afueras de Adís Abeba en agosto de 2025. En sus mejores momentos, el país llegó a figurar entre los cuatro mayores destinos de minería del mundo, y la empresa estatal Ethiopian Electric Power ingresó decenas de millones de dólares de los mineros en apenas diez meses de 2024.
Dos varas de medir para la misma moneda
El mensaje que emana de Adís Abeba es coherente si se mira desde el poder, no desde el usuario. La máquina que zumba en las naves alimentadas por el Nilo produce divisas y aprovecha un excedente eléctrico que, de otro modo, se perdería. El ciudadano que compra un stablecoin para protegerse de la devaluación del birr, en cambio, compite con la moneda nacional y saca capital del sistema. Lo primero interesa al Estado; lo segundo, no.
Por eso conviven la bienvenida a los mineros y el portazo al minorista. El aviso del 23 de julio llega apenas unos días después de que el propio NBE prohibiera las operaciones entre particulares (P2P) que emparejaban cripto con birr, y casi un año después de que las autoridades congelaran la concesión de nuevos permisos eléctricos a los mineros por la presión sobre una red que no llega a todos. Etiopía flotó su moneda en 2024 y desde entonces libra una batalla por contener la fuga de capitales; el veto a la cripto minorista es una pieza más de esa defensa monetaria.
| Actividad en Etiopía | Estatus |
|---|---|
| Minar bitcoin (empresas con licencia) | Permitido desde 2022 |
| Comprar, vender o usar cripto | Prohibido salvo permiso |
| Transferir o custodiar activos virtuales | Prohibido salvo permiso |
| Emitir o vender tokens | Prohibido salvo permiso |
| Pagar en birr | Única moneda legal |
La energía que no llega a casa
El nervio político del asunto no es financiero, es eléctrico. Cerca del 50% de los etíopes carece de acceso fiable a la luz, y una parte del debate interno gira en torno a si tiene sentido dedicar cientos de megavatios a asegurar una cadena de bloques extranjera antes de electrificar aldeas. La minería consume energía de forma continua e intensiva; que esa energía sea hidroeléctrica la hace más limpia que el carbón, pero no responde a la pregunta de para quién es la corriente.
A eso se suma la dimensión geopolítica. La GERD lleva años tensando la relación con Egipto y Sudán, países aguas abajo del Nilo que ven con recelo cómo Adís Abeba destina la energía de la presa a usos como el minado de bitcoin en lugar de exportar electricidad o abastecer a su propia población. El bitcoin, para Etiopía, es a la vez motor de divisas y foco de fricción regional.
El banco central prohíbe usar, comprar, transferir o custodiar cualquier activo virtual sin su permiso. La misma energía que veta al ciudadano la vende, encantado, al minero de fuera.
La otra cara: un aviso no es una redada
Conviene no exagerar el alcance. Como subrayó The Reporter, el NBE no estrenó regulación ni anunció medidas de aplicación: reiteró un marco que ya existía y afinó su interpretación para que nadie lo lea solo como una prohibición de criptomonedas. La orden lleva vigente desde una proclamación anterior, y su eficacia real es dudosa.
Etiopía tiene una adopción popular de cripto notable, empujada precisamente por la debilidad del birr y por las remesas de una diáspora amplia. Un comunicado no apaga esa demanda; la empuja al P2P, la autocustodia y las plataformas de fuera del radar, igual que ha ocurrido en otras jurisdicciones que optaron por prohibir en vez de regular. El propio Gobierno ha dado señales de querer, más adelante, un marco que regule en lugar de vetar. Mientras tanto, la línea roja separa dos mundos que conviven en el mismo país: el del minero con licencia y el del ahorrador sin permiso.
- Si a la aclaración le siguen sanciones o expedientes concretos, o se queda en advertencia.
- El futuro de la minería tras el congelamiento de permisos eléctricos de 2025 y la nueva capacidad de la GERD ya inaugurada.
- La adopción popular vía stablecoins y remesas: si el veto la frena o solo la esconde.
- El pulso por el Nilo con Egipto y Sudán y su efecto sobre a quién se destina la energía de la presa.
- Si Etiopía da el salto de prohibir a regular, como han hecho vecinos y potencias asiáticas.
La foto de conjunto es incómoda y muy del momento cripto: un Estado que gana dinero asegurando la red de Bitcoin desde dentro y, a la vez, criminaliza a quien quiera usar esa misma tecnología desde su teléfono. La máquina ronronea para el que viene de fuera; el de casa, que no la toque.
Documentación: The Reporter Ethiopia, Fana Media Corporation (FMC), Crypto Briefing, BitKE, aviso público del Banco Nacional de Etiopía (23-jul-2026).