Veinte tarjetas cripto se apagaron a la vez porque las emitía la misma empresa, y la que las emitía llevaba muerta desde diciembre
El martes 28 de julio, los usuarios de la tarjeta de Solflare descubrieron que su plástico había dejado de funcionar. Al día siguiente le pasó lo mismo a los de Ready, la cartera que antes…

El martes 28 de julio, los usuarios de la tarjeta de Solflare descubrieron que su plástico había dejado de funcionar. Al día siguiente le pasó lo mismo a los de Ready, la cartera que antes se llamaba Argent. Ninguna de las dos empresas fue hackeada, ninguna perdió las llaves de nadie y ningún saldo se movió sin permiso. Simplemente, la empresa que estaba detrás de ambas tarjetas se había quedado sin dinero y no avisó.
Esa empresa es Kulipa, una startup parisina que construía programas de tarjeta para unas veinte carteras y fintechs cripto y que había emitido 120.000 tarjetas en total. Cuatro meses antes de desaparecer había cerrado una ronda semilla de 6,2 millones de dólares y le había contado a la prensa que crecía al 70% mensual. Los números reales iban en dirección contraria desde enero, y la primera señal de que algo se había roto no la dio ningún inversor: la dio un regulador báltico en diciembre.
El certificado de defunción lo firmó Vilna en diciembre
Kulipa no emitía las tarjetas. Nadie en este negocio las emite: se alquila la licencia de una entidad de dinero electrónico que sí puede hablar con Visa o Mastercard, y sobre ella se monta el producto. El emisor de Kulipa era Monavate. En diciembre de 2025, según la cronología que ha reconstruido Odaily, el Banco de Lituania multó a Monavate con 270.000 euros y le prohibió seguir dando servicio a Kulipa. Ese mismo mes, casi en silencio, la ronda semilla quedaba cerrada.
El movimiento no fue aislado. A la vez le revocaron la licencia al emisor polaco Quicko y varios proyectos cripto europeos se quedaron sin funciones de pago de un día para otro, según recogió KuCoin. Lituania era la ventanilla europea preferida para emitir tarjetas cripto, y cuando su supervisor apretó, apretó en la capa que nadie mira.
Kulipa hizo lo único que podía hacer: buscar otro emisor. El 16 de junio se pasó a uno con licencia solo para jurisdicciones europeas. Ready cortó ese día el servicio a todos los usuarios de fuera del Espacio Económico Europeo, con aproximadamente una hora de aviso, y perdió el 42% de su volumen de transacciones en junio.
Paymentscan siguió mes a mes el volumen que pasaba por las tarjetas de Kulipa. Enero de 2026 fue el pico con 9 millones de dólares. En junio ya eran 4,14 millones. En julio, el mes en que las tarjetas dejaron de funcionar, 1,84 millones.
Entre el pico de enero y el anuncio de la ronda el 1 de abril, el volumen ya se estaba desmoronando. La empresa presentó ese día una historia de crecimiento del 70% mensual y señaló Estados Unidos como su siguiente mercado. Los cofundadores de Flourish Ventures y 1kx colideraron la ronda, con White Star Capital y Fabric Ventures dentro. Cuatro meses después, la deuda pesaba demasiado. Como escribió Vidor Böjthe, cofundador de Solflare, en su aviso a los usuarios: el socio emisor estaba liquidándose por problemas de solvencia y la compañía había colapsado.
Los socios se enteraron cuando se enteró el usuario
Lo más revelador de este cierre no es el tamaño, que es modesto, sino la forma. Itamar Lesuisse, cofundador de Ready, lo escribió sin adornos: no recibieron ningún aviso, así que quien dependía de la tarjeta ese día se enteró más o menos a la vez que ellos. Un proveedor de infraestructura crítica se apagó sin una llamada previa a los veinte negocios que vivían encima. Ready reembolsará las suscripciones que apliquen y dice estar construyendo el siguiente capítulo del producto sobre infraestructura nueva. Solflare promete una tarjeta de sustitución en unas semanas, con Apple Pay, Google Pay, límites más altos y devolución. La tarjeta está en pausa, no muerta, dijo Böjthe. Es la respuesta razonable, pero cambia de proveedor, no de modelo.
Dos o tres proveedores sostienen todo el sector
Anton Lobintsev, cofundador del proveedor de infraestructura para stablecoins SquareFi, le puso nombre al problema en declaraciones a The Defiant.
Hay muchos programas de tarjeta sentados sobre los mismos dos o tres proveedores. Los proyectos simplemente han alquilado el mismo puñado de procesadores emisores y proveedores de BaaS, la misma API de custodia. Es la forma más fácil y barata de lanzar, pero son tres puntos de fallo para toda una industria.
Ahí está el fondo del asunto. Veinte productos que en la superficie parecen competidores independientes se apagaron juntos porque comparten una tubería que ninguno controla. Nada de esto es exclusivo de cripto: el mercado europeo de emisión de tarjetas está concentrado por la misma razón que lo está la nube. Lo distinto es que un sector que vende soberanía sobre el dinero propio ha construido su función más visible, gastar, sobre un alquiler.
Por qué esta vez nadie perdió el saldo
Que no haya víctimas patrimoniales no fue suerte, y merece explicarse porque es la parte que se puede copiar. Tanto Ready como Solflare diseñaron sus tarjetas para tirar los fondos de la cartera del usuario en el instante de la compra. Nunca hubo saldo de clientes aparcado en cuentas de Kulipa. Cuando el emisor cayó, no había nada que congelar.
El contraste que dibuja Lobintsev es el que importa: si el saldo nunca sale de tu cartera hasta el momento del pago, el proveedor puede morir y tú sigues intacto; si estaba precargado en la cuenta del emisor, ahora eres acreedor en un concurso. Casi todas las tarjetas cripto del mercado funcionan con precarga, porque es más simple y da mejor experiencia de uso. Este cierre es el argumento más concreto que ha aparecido en meses para no hacerlo así.
La otra cara: esto fue una avería, no un fraude
Conviene no inflar el episodio. Kulipa movía 1,84 millones de dólares mensuales al final, una cifra irrelevante junto a los volúmenes de cualquier exchange mediano, y el daño real fue quedarse sin poder pagar el café con USDC durante unas semanas. No hay dinero desaparecido ni agujero que rescatar. Comparado con los 594 bitcoins barridos esta misma semana por un fallo de números aleatorios, es un incidente menor. Y hay una lectura menos catastrofista de la parte regulatoria: el Banco de Lituania hizo su trabajo. Detectó problemas en un emisor, lo sancionó y le limitó la clientela. Que eso mate a un cliente aguas abajo no es un fallo del supervisor, es la factura de haber montado un negocio sobre una licencia ajena.
Las señales que hay que seguir
- Si Kulipa entra formalmente en concurso en Francia y qué acreedores aparecen: la empresa no ha hecho ninguna declaración pública ni ha respondido a The Defiant.
- Qué emisor eligen Ready y Solflare para sus tarjetas nuevas, y si es alguno de los dos o tres que ya concentran el sector.
- Si otros de los veinte socios de Kulipa anuncian suspensiones: por ahora solo dos han hablado en público.
- Nuevas actuaciones del Banco de Lituania o de reguladores vecinos sobre emisores de dinero electrónico con clientela cripto, después de Monavate y Quicko.
- Si alguna tarjeta cripto grande cambia la precarga por el cobro en el momento de la compra, ahora que hay un caso real que lo justifica.
El mercado, mientras tanto, cerró julio de bajada: bitcoin a 62.812 dólares, un 3,1% menos en 24 horas, y ether a 1.863, un 3% abajo. Nada de eso tiene que ver con Kulipa, y ahí está la ironía del episodio. Se puede desmontar la capa de pagos de veinte carteras sin que el precio de nada se entere.
Con información de: The Defiant, Odaily, KuCoin, Paymentscan, CoinGecko, Banco de Lituania, publicaciones de Itamar Lesuisse (Ready) y Vidor Böjthe (Solflare).