Trump convierte el Estrecho de Ormuz en un peaje del 20% y "toma" el paso: el crudo se dispara y la cripto pierde 20.000 millones
Estados Unidos llevaba décadas gritando lo mismo en cada foro naval: los estrechos internacionales se cruzan gratis y sin permiso. Este lunes 13 de julio, Donald Trump rompió esa doctrina…

Estados Unidos llevaba décadas gritando lo mismo en cada foro naval: los estrechos internacionales se cruzan gratis y sin permiso. Este lunes 13 de julio, Donald Trump rompió esa doctrina en directo. Anunció un bloqueo naval contra los barcos iraníes en el Estrecho de Ormuz y, de paso, un peaje del 20% sobre toda la carga que crucen buques no iraníes por el paso. En sus palabras, el país se convierte en «el GUARDIÁN DEL ESTRECHO DE ORMUZ». La factura la reparte el resto del planeta.
El crudo Brent reaccionó en minutos: superó los 79 dólares por barril tras subir casi un 5% intradía. Y la cripto, que llevaba una semana intentando reconstruir un suelo, hizo de termómetro del susto. En pocas horas el mercado perdió más de 20.000 millones de dólares de capitalización. No fue una capitulación, pero el mensaje quedó claro: cuando el petróleo se encarece por decreto, el bitcoin cotiza como una acción tecnológica de alto riesgo, no como oro digital.
Un peaje en la yugular del petróleo
Por el Estrecho de Ormuz circula alrededor del 20% del comercio mundial de petróleo. Es el cuello de botella energético del planeta, un canal angosto entre Irán y la península arábiga que el mercado vigila con obsesión. Trump justificó el cobro por «seguridad y equidad» y ordenó que empiece de inmediato, sin publicar detalle de aplicación ni base legal alguna. Ahí está el primer problema: el peaje existe en un limbo jurídico, sostenido más por barcos de guerra que por ningún tratado.
El derecho marítimo internacional prohíbe obstruir el paso por los estrechos usados para la navegación. La Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar, que Washington nunca ratificó pero históricamente respetó, garantiza el tránsito por estos corredores. Que ahora sea Estados Unidos quien cobre peaje, después de años rechazando exactamente esa idea cuando la insinuaba Irán, es un giro de 180 grados que los mercados no sabían cómo tasar. La previsibilidad que ofrecía el guardián del comercio libre se evaporó en una tarde.
El alto el fuego, otra vez muerto
El anuncio llegó envuelto en una escalada más amplia. Trump dio por rotas las negociaciones con Teherán pese a lo que describió como avances la víspera, y contó su versión con crudeza: «Nos quedamos con el Estrecho. Ellos no tienen nada… ayer tuvieron una reunión de 11 horas… todo quedó acordado, salen de la sala, llaman de vuelta y dicen: teníamos que hacer un par de cambios». Añadió que fuerzas estadounidenses habían destruido equipo militar iraní clave en ataques nocturnos.
Irán respondió declarando cerrado el estrecho. El Mando Central de EE.UU. lo negó y aseguró que el corredor sigue abierto a la navegación comercial legal, tras desplegar cazas, buques y drones marinos para neutralizar radares costeros, defensas aéreas y lanzaderas de misiles. El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, subió el tono: «la era de los acuerdos unilaterales terminó», y avisó de que el paso solo operará bajo administración iraní. Dos relatos incompatibles sobre la misma franja de agua, y un mercado del petróleo que detesta justo eso: la incertidumbre.
Por qué la cripto se lo tomó como un problema de tipos
La caída del bitcoin no fue por miedo a una guerra abstracta, sino por aritmética monetaria. Un crudo caro alimenta la inflación de transporte, manufactura y consumo. Si el precio se mantiene alto, la Reserva Federal tiene menos margen para bajar tipos e incluso podría verse forzada a subirlos. El rendimiento del bono estadounidense a dos años tocó su nivel más alto desde febrero de 2025, y los futuros llegaron a descontar unos 39 puntos básicos de endurecimiento para fin de año. Hasta el oro cedió, arrastrado por unos rendimientos y un dólar al alza.
El bitcoin cayó cerca de un 3% hasta unos 62.300 dólares, con un mínimo intradía de 62.120 tras haber tocado 64.340 en las 24 horas previas. Ether rondó los 1.777 dólares, XRP 1,07, Solana 75 y Hyperliquid encajó el peor golpe de las grandes, un 6,5%. Según CoinGlass, el titular del peaje disparó cerca de 40 millones en liquidaciones en cuestión de horas y dejó unos 73.000 traders liquidados en la jornada, con la mayor posición cerrada en Hyperliquid por unos 4,86 millones. El mercado total quedó en 2,14 billones de dólares, con el bitcoin dominando el 58%.
La onda expansiva fue mucho peor en Asia
La cripto salió barata comparada con las bolsas asiáticas, donde se evaporaron unos 950.000 millones de dólares en una sesión brutal. El desplome se concentró en Seúl: el índice KOSPI se hundió un 9,2%, borró 377.000 millones y forzó la séptima suspensión de negociación del año. El fabricante de chips de memoria SK Hynix se dejó un 15%, su peor día en la historia de la compañía, apenas una jornada después de su debut de 26.500 millones en Wall Street. El contagio no respetó fronteras: Nikkei -2,7%, Shanghái -2,3%, Taiwán -3,1%.
La otra cara: un anuncio, no todavía un peaje
Conviene bajar el volumen. Lo que hay sobre la mesa es una declaración, no un mecanismo: no se ha publicado cómo se cobra el peaje, quién lo administra ni bajo qué autoridad legal, y el propio Mando Central estadounidense contradice la versión iraní de que el estrecho esté cerrado. El bitcoin perdió un 3%, lejos de una capitulación, y el grueso de esos «20.000 millones» del titular fue la mecha de un incendio que ardió sobre todo en las bolsas de Asia, no en las pantallas cripto. El mercado ya ha visto este guion: cada titular de Ormuz de las últimas semanas dio un latigazo que luego se moderó.
El escenario alcista es simétrico: si el peaje se queda en retórica o el tráfico se normaliza, el crudo afloja, la presión sobre los tipos se relaja y los activos de riesgo rebotan con la misma velocidad con la que cayeron. El problema es que nadie apuesta por esa salida a corto plazo. En Polymarket, los operadores dan solo un 3% de probabilidad a que el tráfico de Ormuz vuelva a la normalidad antes del 31 de julio, medido como una media de 60 tránsitos diarios en los datos de PortWatch del FMI. El estrecho lleva unos 70 días con la circulación restringida, la mayor interrupción de la era moderna.
«Nos quedamos con el Estrecho. Ellos no tienen nada. Parece que están otra vez con lo suyo, intentando apropiarse del Estrecho.» — Donald Trump, 13 de julio de 2026
Qué puede cambiar el cuadro
- El IPC del martes y la comparecencia de Warsh. El dato de inflación de EE.UU. y el testimonio del presidente de la Fed marcan si el susto del petróleo se traduce en tipos más altos por más tiempo. Es el pivote real de la semana.
- El Brent por encima de 79 dólares. Si el crudo consolida la subida, la tesis inflacionista se refuerza; si recae, el mercado respira.
- Bitcoin frente al oro. Si empieza a moverse con el oro y no con las tecnológicas, será señal de que el mercado lo trata como refugio geopolítico y no como activo especulativo.
- Flujos de stablecoins a los exchanges. Entradas grandes de USDT y USDC suelen indicar capital esperando en la banda para volver a entrar.
- Detalle legal del peaje. Sin base jurídica ni mecánica de cobro, el anuncio puede quedar en fuerza naval y ruido; cualquier concreción cambiaría el cálculo.
El bitcoin nació con la promesa de ser dinero al margen de los Estados. Este lunes volvió a recordar que, cuando un Estado pone peaje a la sangre de la economía global, la cripto es lo primero que sangra.
Fuentes: Crypto Briefing, crypto.news, CoinGlass, CryptoSlate, CoinDesk, Polymarket.