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La minera que avisa de que puede acabar en quiebra tiene 9,2 millones para pagar 33,1 en octubre, y el rescate lo aprobó un accionista firmando solo

Una minera de bitcoin del Nasdaq escribió el viernes que existe «duda sustancial» sobre su capacidad de seguir funcionando, y que la causa es un bono que vence el 31 de octubre. Este lunes…

FretchCop 8 min de lectura
La minera que avisa de que puede acabar en quiebra tiene 9,2 millones para pagar 33,1 en octubre, y el rescate lo aprobó un accionista firmando solo

Una minera de bitcoin del Nasdaq escribió el viernes que existe «duda sustancial» sobre su capacidad de seguir funcionando, y que la causa es un bono que vence el 31 de octubre. Este lunes presentó dos documentos más ante el regulador estadounidense: un folleto para inversores institucionales y una notificación a sus accionistas de que la ampliación de capital que la salva ya está aprobada, sin que nadie los haya convocado a votar.

Es Vulcan Infrastructure and Power, la sociedad que hasta este verano cotizaba como Greenidge Generation Holdings. Sus acciones cerraron el lunes a 1,89 dólares con el símbolo VIP; sus bonos siguen cotizando con el ticker viejo, GREEL, y son el problema: 33,138 millones al 8,50%. Enfrente, la caja: 3,197 millones en efectivo y 6,027 en criptomonedas, 9,2 en total, según su expediente 10-Q.

27,8%
de la deuda que vence en octubre está cubierta por todo lo que la empresa tenía en efectivo y en cripto el 30 de junio

El aviso lo firmó la propia empresa

La advertencia no es interpretación de nadie. Está en la nota de liquidez, la que la norma contable obliga a escribir tras evaluar si la empresa aguanta doce meses:

Los flujos de caja operativos proyectados de la Compañía no son suficientes para cumplir con las obligaciones de deuda existentes, y la posible imposibilidad de atender esta obligación de servicio de la deuda plantea una duda sustancial sobre la capacidad de la Compañía de continuar como empresa en funcionamiento.

El balance explica por qué. Los pasivos suman 96,757 millones y los activos 39,268: 2,46 veces más deuda que bienes con los que responder, y un agujero de 57,489 millones que el documento titula «déficit de los accionistas». Hay además una partida que no se movió ni un dólar entre diciembre y junio: 31,032 millones de obligaciones medioambientales, el 79% de todo lo que la empresa posee, de los que 17,3 son el cierre de una balsa de cenizas de carbón en Torrey, Nueva York, donde está la central de 106 megavatios reconvertida para minar bitcoin.

El rescate existe y trae dos fechas antes del vencimiento

La tabla de salvación se firmó el 19 de julio: una colocación privada, lo que en el argot se llama PIPE, por 39,4 millones brutos, de los que 33,1 irían a redimir los bonos. El precio, 1,71 dólares por acción, es el cierre del último día hábil anterior a la firma.

Quién pone el dineroAccionesImporte
MIG (Machine Investment Group)2.923.9765,00 M$ + pagaré convertible de 10,00 M$
Atlas Holdings, accionista de control2.923.9765,00 M$
Conversant Capital3.479.5325,95 M$
George (Ted) Rogers, consejero2.923.9765,00 M$
Consejero delegado, director financiero y presidente58.479 cada uno0,10 M$ cada uno
Resto de inversores4.719.2938,07 M$

Los cuatro consejeros y directivos de la tabla ponen 5,3 millones de los 29,32 que se pagan en acciones: un solo consejero aporta tanto dinero como el accionista de control. Y el calendario aprieta, porque cualquiera de las partes puede terminar el acuerdo si no ha cerrado el 10 de octubre, veintiún días antes del vencimiento.

La junta que aprobó la ampliación no se celebró

Aquí está el documento que nadie ha contado. El estado de información definitivo presentado este lunes no pide el voto de nadie, y su portada lo escribe en mayúsculas: no es una convocatoria de junta y no se celebrará ninguna reunión. La aprobación que el Nasdaq exigía para emitir las acciones se obtuvo por consentimiento escrito el 19 de julio, el mismo día en que se firmaron los contratos.

Quien firmó fueron sociedades controladas por Atlas Capital Resources GP LLC, con 1.505.351 acciones de clase A y 2.680.031 de clase B: el 23,1% del capital. Como cada clase B vale diez votos, ese 23,1% del dinero controlaba el 66,2% de los votos. Con eso basta en Delaware, y el texto lo remata: quien discrepe no tiene derecho de separación ni de tasación de sus acciones.

Faltaba solo un plazo. La regla 14c-2 impide que la decisión surta efecto antes de veinte días naturales desde el envío del documento, fechado «en o alrededor del 17 de agosto». Y en el mismo consentimiento se aprobó algo que no tiene que ver con pagar bonos: ampliar el plan de incentivos de 2.583.111 a 5.083.111 acciones, un 96,8% más de papel para directivos y consejeros.

Quien pone el dinero se queda el mando y el terreno

La dilución que la empresa declara es del 111%: 17.146.190 acciones nuevas sobre las 15.400.548 de clase A que había en la fecha de registro, y hasta el 153% contando el pagaré y el warrant de MIG. Atlas pasa del 23,1% del capital con el 66,2% de los votos al 17% de ambas cosas, porque las clase B se convierten automáticamente el 14 de septiembre y el voto múltiple desaparece. MIG llega al 22,4% y se convierte en el mayor accionista. El consejo se rehará con diez sillas al cerrar, cuatro para Atlas, y encogerá a ocho cuando lleguen los permisos eléctricos.

El pagaré de 10 millones no es capital paciente: senior, garantizado, con interés que salta al 15% si hay incumplimiento y sin poder amortizarse durante dos años. Sus garantías son los mineros de Dresden, en Nueva York, los de Underwood, en Dakota del Norte, y una escritura sobre el suelo energizado de Columbus, Misisipi, del que la empresa espera 40 megavatios de centro de datos en el tercer trimestre de 2027. El futuro queda pignorado a favor de quien financia el presente. Los acuerdos reconocen además a MIG y a Atlas comisiones e incentivos de promotor por buscar suelo con electricidad e inquilinos, que la empresa promete a precio de mercado: una promesa, no una condición cumplida.

El negocio que tiene que pagar ingresó 3,4 millones y perdió 9,9

Los ingresos del segundo trimestre fueron 3,385 millones frente a 12,861 un año antes, un 74% menos. El alojamiento de máquinas de terceros, que era el negocio grande, cayó de 6,036 millones a 390.000 dólares. La minería propia bajó de 4,235 a 1,685: la empresa atribuye el 36% de esa caída a una dificultad de red un 10% mayor con un bitcoin un 27% más barato de media, y otro 24% a una avería eléctrica que dejó la central parada cinco semanas. La pérdida neta equivale a 2,92 dólares por cada dólar facturado.

El efectivo se fue en seis meses: de 19,572 millones el 31 de diciembre a 3,197 el 30 de junio, 90.470 dólares al día. Con el flujo operativo negativo del trimestre, la regla de tres deja 67 días de caja desde el 30 de junio si no entrara nada por otro lado. Es la misma tenaza que dejó 851 millones de pérdidas a las dos mayores mineras cotizadas, y la salida que todas buscan es alquilar vatios a la inteligencia artificial, como Hut 8 e IREN o Riot. Esos contratos se firman con capacidad construida; aquí está en un solar hipotecado.

La otra cara: el mercado paga más que el precio del rescate

Hay razones para pensar que sale bien. La acción cerró un 10,5% por encima del precio al que compran los inversores de la ampliación, así que el mercado no descuenta un fracaso, y el expediente valora los bonos en 29,0 millones frente a un nominal de 33,1. El dinero tampoco viene de un fondo oportunista desconocido, sino de dos gestoras de infraestructura y del accionista que lleva años sosteniendo la empresa con cartas de crédito.

El contraargumento es el tamaño: toda la compañía vale unos 34 millones en bolsa, menos que el bono que la amenaza. Y el consentimiento de julio no garantiza el cierre, porque siguen vivas la aprobación del Nasdaq para listar las acciones nuevas, la entrega de los documentos de garantía y un mínimo de 30 millones brutos recaudados.

Las señales que hay que seguir
  • Un 8-K que anuncie el cierre de la ampliación. Mientras no exista no hay dinero: la empresa dice que no ha recibido ni un dólar ni ha emitido ningún título.
  • El aviso formal de redención de los bonos, que es un documento distinto y todavía no se ha enviado.
  • El 6 de septiembre, veinte días naturales después del envío de este lunes, cuando la aprobación por consentimiento surte efecto.
  • El 14 de septiembre, cuando las clase B se convierten y Atlas deja de tener el 66% de los votos con el 23% del capital.
  • El 10 de octubre, fecha tope del acuerdo, y las solicitudes ante la comisión federal de energía y el regulador eléctrico de Nueva York.

La secuencia cabe en cinco semanas: el 13 de julio el consejo aprobó la operación, el 17 el mercado fijó sin saberlo el precio de la emisión, el 19 el accionista mayoritario se aprobó a sí mismo la ampliación, el 14 de agosto llegó la advertencia de quiebra y este lunes, el aviso a quienes no votaron. El sector ha visto este verano concursos de mineros con más deuda y apagados de instalaciones enteras, y en casi todos el detonante no fue el precio del bitcoin, sino un vencimiento con fecha.

Con información de: expediente 10-Q de Vulcan Infrastructure and Power a 30 de junio de 2026, estado de información Schedule 14C del 17 de agosto y formularios 8-K del 14 y el 17 de agosto, en EDGAR; cotización de VIP en el Nasdaq; CryptoSlate.

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Redacción FretchCop
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